Tuesday, July 19, 2011
Visita desde tierras extranjeras.
Lo reabro como quien corre la placa de mármol de una tumba.
Vuelvo para hablarle a ese espectro que todavía me ronda. No es un fantasma, sino la nube pesada de las palabras que no dije.
Aprendí a amar la simple realidad, y que el amor se despliega de a poco, a la medida de dos que se mueven. Y no por deslumbramiento ni negación ritualizada de quien soy. O de quien se suponía que es el otro.
Agradezco a la vida el camino que me abre los ojos a nuevas dimensiones de ser y de estar en el mundo (los sutiles y variopintos tonos del afecto) y honro lo que siento.
Yo ahora soy una perra marcada.
Una mujer sola más fuerte que las rocas.
Una emperatriz festiva que participa de siembras y cosechas, tal como escribí en visiones antes de conocerte.
Por eso corto con estas palabras mis reglas del buen decir alusivo y de coté.
Y me saco de encima el último de los pedazos de mierda que me dejaste.
Wednesday, October 21, 2009
resistencia
y la enfermedad vuelve a acecharme
y mi cuerpo encarna el dolor del alma que me quiebra
y me doy cuenta de que morimos cada día
y me pregunto para qué entonces darme tanto tiempo
si el destino final ya es sabido
y este camino ha resultado tan aciago
cuando me veo
yerma
lejos de la normalidad y de la simplecita vida
sin poder encontrar un puto sendero
que me lleve de vuelta
o bien
por una vez
a alguna casa
cuando ni siquiera encuentro paz en echar culpas
porque la vida deviene naturalmente
los hechos se suceden
y allá vamos
cuando estar acá parada no tiene sentido
pienso en vos
mi chiquita
y no quiero dejar de seguir estando.
Tuesday, September 29, 2009
A mi gran compañero en esta fría luminiscencia.
la noche se llevaba mi sangre
y el poco calor
que me guardaba
aún hoy
-a veces-
el dolor sigue siendo un grito que es silencio
pero mi sangre perdura
y la tibieza permanece
(es que ahora lo sé:
los dos habitamos el mundo,
Compañero de la noche
frente a esta fría luz
catódica)
Monday, September 14, 2009
Puertos Corsarios

estos son algunos de mis puertos corsarios
la multiplicidá ya no es una simplecita
fantasía para esquivar lo único
-que vengo a ser yo-
sino un espejo complejo
una liebre corredora
un sombrerero chiflado
y yo
y vos
en mi cabeza
e incluso
más acá

los sueño
los veo
nos veo
como en lugares que solamente vi de niña
y solamente vi
sola
pero jamás olvido
que hay vida
detrás de ese universo
de frialdad catódica
entonces me cito
y me repito en voz lejana:
'algo
de alguna manera
escapa'

a fragor
y a batalla
Thursday, September 3, 2009
No tengo Señor
Thursday, August 6, 2009
res extensa
procurarme los cuidados que nadie me dará
sobre todo
el derecho a contemplar cómo nace la belleza
en la poca o mucha materia
que caiga entre mis manos
estoy decidida a aceptar este camino abierto
que en verdad es solamente una tierra sin marcas
bajo el dibujo audaz que traza mi mirada
la senda hacia el horizonte de mis sueños
voy a entregar el alma a los ciclos
a los años que me esperan
hundiré las manos en la tierra
los pies en el barro
la cara en la almohada de la siesta
abandono en este instante las letras capitales
de mi propio palacio congelado
desafío y me rebelo ante tu vaticinio de muerte
la ascensión a los cielos de tu complacencia
-tu feroz parche-
NO ME QUEDARÉ AQUÍ INMÓVIL
sentadita
rodeada de ojos que me llaman
sin amarme
HE DECIDIDO ENVEJECER
-he decidido dar pelea-
Sunday, August 2, 2009
e e cummings traicionado por mí!
pájaros que son los secretos del vivir
sea lo que sea que canten es mejor que conocer
y si los hombres no los llegasen a oir los hombres son viejos
que mi mente pueda vagar hambrienta
e intrépida y sedienta y flexible
e incluso cuando sea domingo pueda yo equivocarme
porque cuando los hombres estan en lo cierto dejan de ser jóvenes
y que pueda yo hacer nada utilmente
y amarte a ti misma tanto mas que sinceramente
que jamas haya habido semejante tonto que fracasara
al intentar traer sobre sí el cielo, con una sonrisa
Monday, July 27, 2009
Los paisajes de la bruja oscura IV
A juntar los pedacitos
Resabios de la noche
En pleno mediodía.
Bruja
Bruja de pueblo
Bruja de la tierra
No una hechicera de velado
Encanto
Sino la mirada franca
De una mujer
Que crea.
Sunday, July 5, 2009
Paisajes de la bruja oscura III
jamás imaginó ser la que emprendería la marcha
jamás imaginó que vería la pobreza de ese hombre y
por primera vez
no intentaría remediarla
fue simplemente escuchar a lo lejos el chasquido de la espada
anticipar los malabares de un par de espaditas gemelas
y las correrías de una niña desnuda y en celo
que debe ser protegida del mundo
hasta que el mundo se encuentre a salvo de ella
ah
la bruja oscura le agradece
porque no es la soberbia lo que la aleja de ese cuarto
en la nada y con un hombre
la aleja la niebla de las celebraciones adolescentes
la aleja el recuerdo del horizonte marino
la aleja el olor a miedo de ese cuarto
y la aleja la coraza de hielo que tan bien conoce
ella siempre desde este lado de los Caducos Bosques
porque claro
su pregunta
la de ese hombre
la que no dice
la que dice cuando dice que hace su voluntad con aquello que posee
esa pregunta callada y llena de miedo es
¿y si no merezco poseer
nada?
la bruja oscura agradece la luz
que de esa pregunta
emana
y se va detrás de caravanas peregrinas
a re-enseñar los haceres y desarmar las miradas
que están al nacer
en la nueva tierra
Saturday, June 27, 2009
Y esta.
Una es la suma de esas formas de estar, pero no es solamente eso.
Una es su cuerpo en los tránsitos de la vida. Bah, YO soy MI cuerpo en los tránsitos que el tiempo me permita desgranar –a santo de qué andarle esquivando a mi primer nombre.
Yo soy nikka, una especie baqueteda que no es Nikka, es otra, y que se ha codeado y ha devorado a Alexandria y a Kara y a Nela y aún todavía se lleva a las patadas con Mielina, sin llevarse a las patadas, es decir, la evita y la aleja del mundo de los adultos, y se la entrega con moño en la frente, envueltita en papel de regalo, a los que traspasan los muros del recinto mundano, es decir: las paredes del aula, no del aula-aula, sino ese límite invisible pero que se siente en el cuerpo, cuando uno está bajo el manto cejialzado de una mirada que abre la puerta. ¿Qué puerta? Y qué sé yo, simplemente la presencia de algo que cede como goznes, de algo que gira en sí mismo para que el cuerpo circule y la mirada se agrande, que eso es, cosa más cosa menos, una puerta. Porque Mielina puede abrir la puerta para ir a jugar bajo la luz tutelar de sus he(te)r(oni)ma(s)nas, pero lejos de la mugre excrementicia de las LETRAS CAPITALES. En esos momentos, Mielina encarna las más altas aspiraciones del sueño, no es ya la prostituta del autoengaño, sino la donosa mujercita que anuncia otra forma de decir, otra forma de reír, otra forma jocosa de llamar al respeto. Aaaaahhhhh ... nada de ello ha de perdurar, se lo llevan ellos, y en ellos se transforma en otra cosa más, y se incorpora a la corriente del mundo.
Pero permanece la luz.
Odio la luz del mediodía, la que quema todo intento de encontrar matices.
La luz que permanece es como la de las estrellas más lejanas en una noche de campo. Es como las luciérnagas. Solamente un titilante indicio de que hay algo más, de que quizá sea cierto (váyase a saber qué), de que vale la pena levantar la mirada hacia lo oscuro de la noche y dibujar las propias constelaciones, ponerle el nombre de los propios dioses y predecir los cataclismos que le sobrevendrán al género humano.
Y seguir alzando esa pequeña luz, una suerte de tea ardiendo en el entrecejo.
Cuando soy Mielina entre los suyos, la brujita Nela le aviva la mirada, y convierte mi/nuestro cuerpo en el motor de torbellinos maremóticos, los hace reír, nos burlamos del miedo a no saber, del miedo a no ser queridos, y de los hijos de puta que les/nos enseñaron a temer.
Cuando soy Mielina entre los suyos/míos/nuestros, dejo entrever todas las otras que soy, todas las noches que me avalan frente a la página blanca, frente al silencio sonoro, y descubrimos que es posible.
Es hermoso ser la que no tenía que ser, estar donde no se espera que esté alguien como yo. Es hermosa la incertidumbre, porque abre alas en los ojos del que se sorprende.
Esto no va a durar, no va a ser para siempre, lo sé. Lo que no sé, lo que jamás voy a saber, es cuál habrá de ser el derrotero de esa luz pequeña y persistente. Jamás sabré cuales sus frutos cuál su tiempo de cosecha.
Lo único que sé, lo único que me habilita, es que cada vez que soy Mielina entre los suyos/míos/nuestros/todosnosotros, mi sangre más profunda me dice que el mundo se ha vuelto mi casa.
Caritas del adios
Pero retomando el tema de las caras, las caras que deberían morir (su habitar mis días ya no anticipa paraísos ni infiernos, sino que remeda y emparcha la ausencia de ilusión: alucinada). Ni siquiera la parodia, porque ni necesidad de reírme ni de explorar sus límites queda, ya que esas caras que deberían morir, lo han hecho dignamente, han cumplido su ciclo de lazarillo y solamente les cabe rondarme como fantasmagoría de apegos, etéreas caras susurrándome en la memoria, como maestritas enceguecidas por su saber diminuto tomándome lección.
Es que, qué queda de mí ante el rotundo, pétreo hecho de que me sobrepongo al dolor. Qué queda cuando se sabe que lo único que me mataría es la simplecita muerte. Qué queda cuando se sabe que una puede seguir sola, que lo que ve no necesita de testigos ni compañeros, aunque lo que ve se ve más fructuosamente junto a los compañeros. Qué queda cuando la piedra, la tan real piedra del NO te dice NO y una aprende a decir BUENO, abriéndose un espectro enorme de posibilidades que rodean a ese NO, que lo exceden y lo dejan pequeño como una piedrita del fondo de la pecera, o como esas que se encuentran en la playa y en escalperiano gesto colector tomo en mis manos para disponer sobre bibliotecas repletas de noes chiquititos. ¿Por qué habría alguna vez de suponer que esos noes me tenían en particular deferencia? ¿Acaso no tuve plena conciencia de los noes acaecidos sobre otros, noes de los que no se recuperaron jamás?
Una mirada esquiva lanzada desde debajo de la mesa, desde esos rincones donde el conocimiento no se pone togas. Pero eso no quiere decir que el conocimiento que afirma a la toga en su toguicidad sea inocuo. Reírse está bien (oh lazarillo risueño de mis días pasados). Celebrar está bien (piratas enfiebrecidos). El regocijo en sí para que esa mirada esquiva esquive y gane sustancia. La toguicidad no es inocua, esas caras que deberían de morir han visitado su altar de sacrificio. Han puesto su carnecita bajo cuchillas de onice. Una se dejó abrir el pecho, la otra que le arrancaran la mirada de sí. Una busca lo que late, la otra un espejo. No está mal, ¿no?, salir disparadas tras lo que late y lo que admira, una y otra vez, hasta que finalmente las dos despiertan a gritos a la que late y a la que ve. Y una comprende que está sola.
Sola. Por eso es que digo que esas caras deberían morir. No porque vayan a desaparecer en la nada, puesto que de alguna manera el tener esas caritas a mano me habilita en los caminos empáticos hacia el otro. Pero han de ser simple y nadamente más que eso. Basta de deseo disuelto en la reparación, precintemos el área, guardémosla con pudor. Ya se agotó el pretexto del dolor, el último bastión de la toga, con su palabrerío invicto y sus manos vacías. Claro, que más le conviene a la toga que una hable bellamente y se deleite en sus construcciones estéticas, y se duela ante la carencia de entidad que esas construcciones tienen (no nos engañemos, estoy hablando crudamente). Lo gracioso, lo terriblemente gracioso de este entuerto, es que mis palabras bellas anticiparon este momento, lo anunciaron, le allanaron el camino, me ablandaron la mirada. Me hicieron fuerte. Tal es una razón más para que esas caras no mueran del todo, para su resguardo amoroso en un rincón precintado. Porque también aprendí que el olvido es otro placebo toguístico, el rito más exclusivo para acceder a su poder docto.
Yo soy todas esas caras, todas aprenden, todas se reubican como un magma evolutivo. Las que preservaron mis ojos infantiles que ya no son infantiles, pero no olvidan la infancia (ah, la memoria, la memoria, creo y no creo en la memoria).
¿Lo más doloroso en esta nueva era? Supongo que los adioses y el desapego. No por nada mi deseo iba desaforadamente detrás de los desapegados (a no descartar jamás la función didáctica del deseo empecinado). Es que una desea lo que le falta.
Esas caras que deberían morir exploraron la ausencia/presencia. Eso ya no importa, al menos no importa tanto (y hasta el próximo firulete dialéctico, por eso es bueno tenerlas cerca).
Ahora (que para cuando alguien, sea yo misma o sea quien sea, lea, no va a ser más que una palabra en referencia a una incógnita, pues qué sentido tiene ‘ahora’ después de escrita) me alisto al advenimiento de la lógica invernal. Voy a incursionar en otras tierras, o bien, las mismas tierras (porque si estoy hablando crudamente, la tierra es una, como yo soy una, por más bellamente enunciada que sea la multiplicidad). Voy a atravesar todo lo que sirenamente se haya dicho para negar la contundencia de la piedra, que es innegable. Lo objetivo se nos impone y apenas tenemos con qué balbucearle un no. Lo objetivo se caga en nuestra belleza, porque nuestra belleza reactiva apenas se anima a decirle ‘no existes’ ‘no existes’ en la cara. Y a la piedra no le hacen mella las palabras. Y eso nos enamora. Su carencia de mellas. Y eso buscamos, la ausencia del dolor.
No voy a ser la piedra.
Ni dejar que marquen mi deseo esas caritas que deberían estar muertas, esas caritas que se han aterrado fieramente por el dolor, en su deseo de ser piedra eternamente satisfecha de sí.
Por eso esas caritas que deberían estar muertas, no morirán, no las dejaré morir.
Es que no les brindaré ese descanso.
No me procuraré ni siquiera esa derrota.
Soy un arma
Nikka, que lo ha visto todo desde la terraza desesperada de la infancia, todavía busca los vestigios de esa promesa dorada que no fue y se abre camino en la noche amarilla del neón, en sus bordes, a puro puño cortante y entrecejo hundido, y desespera en su afán por atraparlo, cuando la promesa no puede más que morir si es enfrascada, y la promesa muerta no es más que recuerdo y ausencia. Nikka, la guerrera aguda, la parca cirujana, la guardiana reptil, de cara al frío que amenaza el verano de los fondos abbisales. Su fiel pretoriana.
Nela camina los Caducos Bosques donde la infancia encontró refugio, donde se fue haciendo mujer callada y aprendiendo la relación entre las cosas y los seres que mutan, aprendiendo del peso de aquellos Bosques Perennes helados proyectados sobre el mullido manto de hojas eternamente renovándose. Aprendiendo, aprendiendo, hasta deconstruir su poder heredado para abrirse al poder del nacimiento, armado entre todos. Nela, la bruja de pueblo, la reina descastada, la maestra paria sin ascendente ni lugar, la que erigió las paredes de esa casa donde la sombra de los Bosques Perennes jamás entrará, la que ve lo nunca visto y no sabe cómo dejarlo de llamar.
Kara, la silenciosa señora de las agujas que con ojos negros de toda negrura es la noche avocada a los estudios sapienciales, para darlos vuelta como a media por zurcir; la toda ojos, ella, la toda silencio y paciencia infinita para adentrarse donde duela y rondar a las otras niñas nocturnas en sus desvelos inasibles. Kara omnisciente, sobrevolando el dolor.
Mielina, la innombrable entregada a la mirada ajena, la sucia mujercita de la mundanidad convenida, la que se adentra en los espacios normados y hace belleza de su mugre citadina, la que se entrega al deseo otro, se sacrifica al deseo otro, se golpea, con el simple afán de entregarle alguna vez compañero a la niñita escondida. Mielina, te lavo los pies junto al mar, pequeña Judas sacrificada a la desgloria divina. Amén.
Alexandria, la voz sabia que instaura el orden precario de los que se saben que volverán a florecer, la que administra el dolor y la desmesura, la memoria que dice a Nikka que la belleza está en lo que vive, la que dice a Mielina que descanse de otredades, la que escucha a Kara recitar enmiendas, la que convoca a Nela a curar los mundos. La que canta bajito para que Abbi deje de temerle al encuentro.
Wednesday, January 21, 2009
habitat
el cuerpo que muevo
mientras se despliega la vida
real
a veces parto o escapo -olvidada de mí misma- tras el momento alucinado en el que golpeo, me caigo y regreso a recorrer una y cada una de las habitaciones de la casa
real
tal vez alguna vez me anime
a traspasar los umbrales
a pleno sol
y con los ojos tejidos de noche
ganar el mediodía
Sunday, November 23, 2008
Verba Sajona.
la lengua exclusiva de los sortilegios
de mi infancia.
Fue un hogar lejano
esperándome en el horizonte,
el que cada tanto
se acercaba a los sombríos umbrales
de mi cantar a solas.
También ha sido
caricia en los labios
y sedoso juego de la lengua
la irreverente travesía entre nombres distantes
que sin embargo
sólo pueden referirme a una misma Tierra.
Calle abajo.
Pero otras veces fuerza su destino, calle abajo en esta ciudad sin puertos, y corre a borbotones. Se carga de aguas de otros mundos, se desata con apuro, fluye empujando el aceite de las capitales, la mugre irreverente que, vencida, se deja llevar al alba. Allí, calle abajo, donde indiferente al olvido y la ignominia, espléndido y dorado, el río corre con urgencia de mar
La promesa.
La promesa es un lugar.
En este lugar hay casas chiquitas.
Blancas, cuadradas, casitas a la cal, al sol, con herrería negra. Son como dados, llenas de ventanas desiguales traídas de las demoliciones.
Las casas están en ronda. En el centro hay un gran anfiteatro de piedra. Debajo de las gradas se guardan instrumentos musicales, utilería y cajas de madera ranuradas para usar en la época de las votaciones.
Entre este lugar y la ruta hay varios kilómetros de tierra sembrada. En la colina detrás del bosque hay molinos, desde los que brota el cableado que llega a las casas.
Frente al anfiteatro está el único edificio de varias plantas. A través de las ventanas inferiores se ven monitores encendidos. En la terraza hay una gran corola que acusa al cielo.
Detrás del edificio hay galpones con máquinas enormes. Sobre las paredes hay estanterías con piezas de metal de las más variadas formas, y trapos manchados y frascos. También dos vehículos desarmados.
Las casas que se encuentran en el límite con el campo tienen pequeñas parcelas cercadas llenas de animales. En el extremo norte se yerguen cuatro cilindros grandes con puntas enconadas. Algunos vehículos de carga están estacionados al costado.
El viento no es muy fuerte, pero es continuo. Desde las terrazas de las casas se pueden ver las hierbas ondulando, y desde sus cuartos se pueden oír los árboles.
También se podrían sentir pasos y ruidos de la calle, y en la calle los sonidos a metal, agua y loza viniendo de las cocinas. Los olores, como el de la ropa mojada recién colgada a secar, y los de esta lluvia que se avecina.
Pero hay algo más.
En este lugar que es la promesa hay algo más: no hay cuartos oscuros donde se patee a los niños de nadie para que todo sea posible.
Thursday, November 20, 2008
May the night be our home
La noche ha perdido su pilar de sacrificios
La noche
ha cambiado de credo.
el punto multitensionado (yo)
alguien que ha llegado hasta aquí
mi historia es lo que
hoy
digo de mí
que justo viene a ser lo que
hoy
me jala hacia el futuro
hoy descubro las vetas secretas
del pasado
siempre incierto e irresuelto
mientras sepa tener llena de preguntas
la mirada
e implacable ese sentimiento
que no sé traducir
pero me sale
restlessness


